Esto no es
algo como lo que han leído antes, no esperes algo que te haga pensar de manera
feliz y positiva sobre las relaciones o sobre la vida en general. Tampoco
esperes algo de alto calibre sexual o social con toques satíricos. Quizás es
algo lastimero y un poco suicida si lo lees en un momento incorrecto, querido
lector. Quizás es un cumulo de cosas que he pensado desde la soledad del
Castillo de Rose Mary producto de una serie de eventos afortunados dependiendo
de la perspectiva. (Pd: no me voy a matar. No llames al 133 o a algún número
antisuicidas por Chile)
Mientras
hablaba con mi amigo Tavo, comprendí que él tenía un miedo que tarde o temprano
se manifiesta en todos. Hasta el más “solitario” y “frio” corazón sucumbe ante
esto. ¿Y qué es? Miedo a la soledad, a envejecer solos o a simplemente a
permanecer una temporada larga sin alguien al lado que al despertar te diga con
un aliento de mierda “buenos días” junto con un beso y alguna frase que demuestre
que ese aliento de mierda te conoce y sabe tus necesidades. ¿Por qué estar con
alguien que no te gusta ni física ni sexualmente? Por miedo a quedarte solo.
Y llega a
ser cruel el hecho de que mientras más adulto eres, mas hueón te vuelves en tus
relaciones, debería ser al revés, ya que si lo pasaste mal antes… ¿Por qué
ahora uno se predispone a pasarlo mal sabiendo que esos episodios tristes
pasados podrían repetirse?
Y cuando el
Tavo me comentaba sus problemas sobre la soledad recordé a mi Tio, el Benja, el cual me dijo que sufriría mucho porque los gay, según
él (y las estadísticas según conocidos míos), siempre terminan solos. Eso mismo
me lo repitió mi mamá varias veces, con y sin lágrimas en los ojos: terminaras
solo hijo. Y no sé si esas “predicciones” de ambos sean malas ahora que lo
pienso.
Me puse a
pensar en la soledad a los 30 teniendo 21 ahora, en plena escucha de Placebo y
con el libro “gatos gordos, piscolas y otras voces que me persiguen” mirándome.
Y no me es aterrador llegar a los 30 pero quizás si me aterra el hecho de que
mis logros no se los comunicaré a algún Sr. X. Y quizás lo que en verdad me
aterra es el hecho de que cuando tenga 30, me baje ese miedo maldito por la
soledad que no aparece a los 21. ¿Por qué a los treinta estando tan maduros
queremos un amor tan potente como el de un pendejo?
El miedo a
la soledad quizás está en la sociedad (linda metáfora), aunque sea una mentira
que uso para culpar a alguien de algo. Creo ahora que la culpa está en nuestra
necesidad desesperante de compartir algo con alguien.
Si no estás con alguien, eres extraño. Si un
hombre mayor de 35 sigue soltero sin hijos, es gay de manera automática. Si una
mujer mayor de 35 sigue soltera sin hijos es solterona desesperada, de manera
aún más automática. Si un gay de 35 es soltero es normal, ¿Por qué? Porque es
gay.
No puedo
evitar preguntarme: ¿Por qué el 1 no puede ser el nuevo 2? ¿Por qué
el soltero pasando los 30 se transforma en solo, fracasado y acabado? ¿Por qué no mejor en vez de
enseñarnos a engrupir personas, nos enseñan mejor a sobrellevar la soledad y a
destruir el concepto “felices (con alguien) por siempre”? A veces los números
mienten, las estadísticas se equivocan y la necesidad de un soltero para dejar
de serlo se manifiesta incluso antes y después de los 30.
Chaqueta
Americanino, Polera Zara, Boxers Calvin Klein, Jeans Levis, Zapatillas
Converse, Audifonos Beats, Cigarrillos Kent Ultra Light número 5, Café
Starbuck, Notebook Sony o MAC, Cremas para el cuidado del pelo Garnier, para la
cara Biotherm, para el cuerpo Vichi, celular Iphone o Samsung Galaxy con
sistema Android. Ok. Me mareo.
Comencé el
año académico 2012 y llegue a un simpático curso de publicidad donde estaba
toda una fauna de personas, desde el flaite hasta la cuica, el campesino y la
fifi, el mino rico de la clase y el gay estereotipado.En este último nos concentraremos.
Este
singular personaje viste de una manera muy “chick”, con apariencia muy “casual”
(pronunciación: cashual) y vive y muere por un universo insignificante de
marcas. Personaje que al inicio de este año lo encontraba despreciable (sin
haber cruzado palabra con este ser) y el icono de la conducta superficial gay que
existe en Santiago de Chile. Este personaje tan despreciable al inicio termino
mostrándome que existen grandes excepciones en la capacidad de enjuiciar a las
personas; siempre odié a la gente de su estilo porque la encontraba superficial,
pero el Paly no es así y aunque tenemos diferencias de opinión, siempre por
algún motivo terminamos encajando sus ácidos comentarios con mi humor negro. La
vida da tantas vueltas que ahora es uno de mis amigos. Las cosas imposibles si
pasan. (risa despacito porque la gente duerme)
El otro día
cuando estaba de compras en el Costanera Center, para ir a escribir a mi amado
Parque Bicentenario, me encontré con un tipo con una vestimenta muy parecida a
la del Paly, este hombre con claros signos de ser homosexual (mi alarma comenzó
a sonar) comenzó a denigrar una marca diciendo cosas como “ay, que roto, como
venden esto en un supermercado?”, “esto no estaba en Italia”, “debe ser para
los pobres”, “mentira que venden una polera XXXX acá” y al momento de pagar en
la caja él dijo “cuánto salió? Apura los deditos que pa’ eso te pagan”
En ese
momento supe que los prejuicios homosexuales eran ciertos, la marca, los
accesorios y los perfumes con nombre de cafés son capaces de dictar conductas
en ciertos hombres y son capaces de enfrascar a personas que prácticamente
pueden perder la orientación por una rica fragancia (aunque yo también lo he
vivido, no a todos les viene bien ciertos aromas). Cuando hice mi mueca de
disgusto y pague en el supermercado me sentí por un momento asqueado de todo un
ambiente “Calvin Klein”.
Pensando
como publicista llegue a una cruel conclusión: como público objetivo, un
homosexual que compra marcas y tiene preferencia por la moda es más susceptible
de ser afectado por lo que los medios y/o tendencias dictan en cuanto a estilo.
Cuando algo que he vendido le guste a un gay, luego a una mujer y para
finalizar a un hombre sabré que he vencido en el mundo de la publicidad. Podría
decirse que se puede utilizar a las personas homosexuales como conejillo de
indias de las grandes empresas como “h&m”, para experimentar con su mente
de himen frágil y llegar a conclusiones de que “los nuevos accesorios” van por
buen camino. Eso te permite como marca ver las conductas habidas y por haber
que logré fomentar. Si eres una marca de ropa y logras llegar al closet de un
gay, que te compró pensando en la moda que “antepuso”, sabrás que estas en la
punta del iceberg del mercado. Sabrás que penetrando la mente de ese gay que
compro a un precio abusivo solo por una marca, dictas conductas arribistas y
que a ese gay de mente violada no le importara el precio, porque él está
comprando la marca. No le importa quién lo atiende, le importa la rapidez para
salir luego de la tienda y tener mil orgasmos en su casa porque la polera tiene
2 simples palabras.
Se puede
pensar (según mi profe PoNY) que la satisfacción es la distancia que hay entre
el ideal de lo que uno espera y el ideal de lo que uno recibe. La publicidad
mueve todo tu mundo para poder hacer lógico el asunto de consumir algún
producto o servicio. La publicidad es una zorra insensible que tiene más poder
del que crees y en estos momentos a tu alrededor está presente. ¿Por qué en
Drugstore si y en la feria no? ¿Por qué en Jumbo si y en Bodega Acuenta no? La
respuesta la tiene la zorra insensible que te domina los impulsos de compra que
tienes.
El concepto
de satisfacción se construye en la sociedad. La publicidad tuerce la cultura
para que aquello que pienses sea ideal, se asemeje a un producto determinado. Y
también se puede decir que la conducta como concepto es irracional, por ende la
publicidad se aprovecha y te dice que las cosas son buenas cuando están malas.
Te dice como tirarte por un barranco cuando sabes que hacerlo está mal. Y lo
peor de todo, es que igual uno dice “no es tan peligroso”.
En mi
carrera existe algo que se llama “Grupo Objetivo”, el cual mete a todas las
personas a un mismo saco y determina sus conductas, su edad, su lugar de
residencia y muchas cosas más. A veces tendemos a tildar de superficiales a
nosotros mismos por una conducta de unos pocos, no todos los gays nos
preocupamos de los accesorios, no todos los gays nos preocupamos de la marca
del copete que nos vamos a servir, porque sabemos que todas las marcas producen
lo mismo y no todos los gays miramos en menos las sopaipillas de la calle. No
todos los gays sabemos de moda, no todos los gays conocemos de perfumes caros y
no todos los gays pagamos por ir a un recital de Madonna o Britney Spears.
A veces
pienso que estoy weveando en Publicidad, pero al recordarme el poder que tiene
esta misma para transformar las conductas de las personas, me miro al espejo y
me felicito por no haber elegido algo que al tiempo me hubiese aburrido. Aunque
esta columna tiende a ser una espada de doble filo a mi crítica a este sistemita
de compra/venta, sé que pronto seré parte responsable de todas estas despreciables
conductas. Pero va en mí que mi trabajo influya de buena manera en las
personas, como causa principal de motivación para el futuro publicista
dominador de mentes. (Otra risa)
Un profesor
de mi antiguo instituto un día dijo: “el gay es el que se viste bien, la fleta
es la pobre que compra en la ropa americana”. Qué bueno que me cambie de
institución donde el pensamiento de los docentes es menos estructurado, menos
clasista y menos de mierda.
Y yo tenía
entendido que saber vestirse era ponerse una polera acorde con las extremidades
corporales y orificios de la prenda, lo mismo con un pantalón. No que era
ponerse una polera de la talla correspondiente a tu cuerpo que pertenezca a una
marca buena, en lo posible que se luzca pero no tanto, que combine con el resto
de las prendas de vestir y que te haga ver de manera estilizada, no solo por un
atractivo físico sino que también para demostrar que “se puede” comprar eso.
No vinimos
a este mundo para “vivir” pendientes de la última colección que lanzo Dior para
hombre, no respiramos para que nuestro esfuerzo de fin de mes se valla en una
polera que consume la mitad del sueldo, no usamos nuestras manos para pasar un
plástico por una herradura y darle más valor emocional a ese trozo de cosa que
a las personas cercanas que nos dicen que nos vemos geniales con eso.
Vinimos
para divertirnos, para amar, para hacer cosas que alegren a los demás
independiente de un regalo costoso, independiente de un estampado de marca…
vinimos (como dijo no sé que persona) para hacer faltar nuestra presencia en
los demás. A veces muchas cosas que nos importan no valen la pena, a veces
simplemente no somos quienes queremos ser por pretender algo que nos agota
mental y físicamente, y lo viví ya que durante unos días me obsesione con mi
peso. A veces lo necesario no es prioridad y a veces lo rápido no es lo
importante.
¿Trabajar,
comprar, consumir y morir? ¿O mejor trabajar poco, comprar lo suficiente,
consumir lo necesario y morir después de haber vivido?.
Agradecimiento
Personal:
- Profe Nico, siguiendo sus clases llegue a esto. Gracias. Perdone la decepción.
- También
agradezco al Paly, ya que use indiscriminadamente su imagen para ilustrar al
homosexual promedio. Gracias por amar tu descripción, gracias por demostrarme
que aunque parezcas un ruidoso, no lo seas. Te quiero
mucho maldita lisiada.